Ocupación, desocupación e informalidad responden preguntas distintas. Leerlas juntas ayuda a entender la calidad del trabajo.
Explicación | Mesa de Redacción
Dos personas pueden tener trabajo y enfrentar condiciones muy diferentes. Una recibe salario con protección laboral; otra obtiene ingresos sin que su relación de trabajo sea reconocida. Ambas pueden aparecer como ocupadas en una encuesta. Por eso, contar empleos no basta para describir las posibilidades de sostener la vida cotidiana.
La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, ENOE, permite separar esas dimensiones. Como referencia, en el segundo trimestre de 2026 registró 60.0 millones de personas ocupadas, una tasa de desocupación de 2.7% y una tasa de informalidad laboral de 55.1%. Son resultados nacionales publicados por el INEGI el 25 de agosto, no cifras de octubre.
Los porcentajes tienen bases distintas. La desocupación se calcula sobre la población económicamente activa: quienes tienen trabajo o buscan activamente uno. La informalidad se expresa sobre la población ocupada. Sumarlas daría una cifra sin interpretación válida, porque sus denominadores y los grupos descritos no son iguales.
En ese trimestre, la población económicamente activa fue de 61.7 millones de personas. El INEGI estudia estos indicadores para la población de 15 años y más. El dato de desocupación tampoco incluye automáticamente a toda persona sin empleo: la búsqueda activa es parte de la clasificación.
Informalidad: más allá del puesto callejero
La informalidad laboral abarca situaciones diversas. El glosario del Banco de México basado en la ENOE distingue la vulnerabilidad asociada a la unidad económica de aquella relacionada con un vínculo laboral no reconocido. La imagen de una persona vendiendo en la calle representa solamente una parte de ese universo.
También conviene distinguir informalidad laboral de sector informal. Este último se refiere a características de las unidades económicas; el concepto amplio incorpora otras relaciones de trabajo desprotegidas. Una persona puede laborar para un establecimiento formal y encontrarse en una situación laboral informal. El nombre comercial del empleador no resuelve la clasificación.
La subocupación plantea otra pregunta: si alguien necesita y está disponible para trabajar más tiempo del que su ocupación le permite. No equivale a desocupación ni a toda jornada corta. Una persona que elige menos horas y no desea ampliarlas no se vuelve subocupada únicamente por ese horario.
Cómo leer un reporte. Primero hay que identificar periodo, territorio y población de referencia. Después, comprobar si la comparación utiliza tasas o cantidades de personas. Un porcentaje puede cambiar aunque el número de ocupados crezca, porque también puede variar el tamaño del grupo que funciona como base.
Para seguir una tendencia, esta mesa recomienda comparar series del mismo tipo y revisar sus notas metodológicas, disponibles en el programa ENOE del INEGI. Un dato mensual y uno trimestral no deben presentarse como si describieran exactamente la misma ventana de observación.
La lectura conjunta permite formular preguntas mejores: cuántas personas trabajan, bajo qué condiciones y con cuánto tiempo disponible. Ninguno de esos indicadores, por separado, prueba que todos los hogares estén mejor o peor. La utilidad está en reconocer lo que mide cada cifra y evitar que una sola sustituya toda la experiencia laboral.
Fuentes y corte: INEGI, ENOE del segundo trimestre de 2026; glosario de Banxico, informe enero-marzo de 2026. Consulta documental: 26 de octubre de 2026. Cifras originales trimestrales, sin presentarlas como último dato mensual.
Imagen: ilustración conceptual generada con IA; no es fotografía documental.

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