Valorar las labores domésticas permite reconocer trabajo que sostiene a los hogares, aunque no aparezca como salario.
Explicación | Mesa de Redacción
Preparar alimentos, limpiar y cuidar a otra persona requieren tiempo. Cuando esas tareas se realizan sin pago dentro del hogar, no desaparecen de la vida económica. La pregunta es cómo hacer visible su aportación sin confundir una estimación estadística con dinero disponible para gastar.
Para 2024, el INEGI calculó un valor de 8 billones de pesos corrientes para las labores domésticas y de cuidados no remuneradas de la población de 12 años y más. Equivalía a 23.9% del producto interno bruto nacional, según la Cuenta Satélite publicada el 25 de noviembre de 2025.
La comparación con el PIB expresa una magnitud. No significa que los hogares hayan cobrado esa suma ni que exista una bolsa presupuestal del mismo tamaño. Tampoco debe añadirse el porcentaje mecánicamente a una tasa de crecimiento: se estaría mezclando una proporción de valor con una variación temporal.
La metodología del INEGI combina tiempo destinado a esas actividades con información de ingresos por hora de ocupaciones remuneradas. La cuenta permite valorar servicios producidos para el propio hogar que quedan fuera del marco central de la contabilidad nacional. Es una medición complementaria, con definiciones y fuentes específicas.
Mirar el reloj además del ingreso
La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo, ENUT 2024, aporta otra perspectiva: registra actividades y horas de personas de 12 años y más. Incluye trabajo remunerado y no remunerado, estudio y actividades personales. Por eso permite preguntar cómo se distribuye el día, no solamente cuánto dinero entra a casa.
En la valoración de labores domésticas y de cuidados de 2024, las mujeres aportaron 72.6% y los hombres, 27.4%. Son proporciones del valor estimado, no del número de habitantes. La diferencia nacional no describe por sí sola lo que ocurre en cada pareja, familia o arreglo de convivencia.
Lectura editorial. Para conversar sobre corresponsabilidad puede ser más útil empezar por tareas concretas que por una declaración general de ayuda. ¿Quién prepara la comida, organiza las compras o acompaña a una persona dependiente? ¿Qué tiempo necesita cada actividad y quién puede disponer de descanso sin interrumpirla?
Registrar una semana habitual puede servir como punto de conversación doméstica, sin convertirlo en un diagnóstico profesional. Conviene distinguir hacer una tarea de estar pendiente de que ocurra y reconocer cambios entre días laborales y fines de semana. Es una propuesta práctica de esta mesa, no una fórmula oficial de valoración.
La medición también ofrece preguntas para discutir servicios públicos y organización laboral. Un horario de atención, una jornada imprevisible o un traslado largo pueden evaluarse desde el tiempo que exigen al hogar. Eso no demuestra por sí solo la eficacia de una política; permite definir qué resultados habría que observar.
Para comparar años, es necesario revisar la misma versión de la serie. La publicación de 2024 incorporó la nueva ENUT y actualizó estimaciones anteriores. Mezclar cifras de ediciones distintas puede producir aparentes cambios que requieren revisar primero la metodología.
Reconocer este trabajo no obliga a poner precio a todos los vínculos afectivos. Ayuda a separar el afecto de una distribución del tiempo que debe poder discutirse. Una economía cotidiana mejor comprendida empieza por mirar tanto el dinero como las horas necesarias para sostenerla.
Fuentes y corte: INEGI, Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado 2024 preliminar, base 2018, precios corrientes; ENUT 2024. Publicaciones de 2025 consultadas el 26 de octubre de 2026.
Imagen: ilustración conceptual generada con IA; no es fotografía documental.

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